LUCÍA TUDELA

 Me alejo de puntillas y sin cerrar la puerta antes de que me pillen los dedos con ella. Tengo miedo a que me hagan feliz. Mucho. Después de algo bueno siempre viene la caída. Y la hostia es más fuerte que ir con el coche a 200 km/h y pegar volantazo. Le tengo fobia a los «Te quiero», a que no me cojan de la mano en Navidad y a despertarme cada mañana de nuevo con el edredón helado porque no hay nadie a mi lado. No sé lo que pasa cuando te quieren de verdad y el pasado no quema por ambas partes. Le he cogido un pánico terrible a las despedidas, más del que ya tenía, pero sigo adorando las estaciones de tren y el hecho de perderme en otra ciudad que no sea la mía. Espero más de los demás porque es lo que yo daría, y siempre acabo llorándole al quizá porque no recibo lo que quería.No sé callarme nada y siempre suelo hablar de más, los sincericidios son lo mío y no que la verdad me queme detrás. Hablo cuatro idiomas distintos, pero no sé hablar el del amor, no sé qué es enamorarse de alguien que se queda y no sé lo que es quedarse sin temor. Soy más impulsos que persona y soy más de pedir perdón que permiso; a veces me da miedo lo fría que puedo llegar a ser,o la de cantidad de veces que he quemado por lo mismo. No quieras conocerme del todo por tu bien, soy como la caja de Pandora, soy todas esas guerras que escondo debajo de la piel.

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