RAYDEN

La primera vez que lloré fue un 30 de julio, el primer premio que conseguí con la poesía fue echarme una novia que me duró la hora de clase y no me dio ni la mano, mi primer beso fue jugando al «conejo de la suerte» con un sauce llorón y ese azar paradójico me persiguió, más o menos, hasta los 17 años.

He llenado salas y me han vaciado el corazón, he juntado letras que me han separado de personas. Han puesto frases mías en los pasos de cebra de Madrid y he visto canciones mías en las lágrimas de felicidad de mi madre.

Me considero un artista de la arteria que hace lo que le sale del corazón. Esta es la cicatriz de lo que fue una herida diaria, de lo que fue mi herido diario.

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